PREGUNTA:
En el versículo 2 de la sura An-Nur se ordena «dar cien azotes a la mujer y al hombre que cometan adulterio». ¿Se trata de una expresión figurativa, es decir, simbólica? ¿No habría sido más adecuado que el castigo de las personas que cometen adulterio fuera impuesto por Dios en la otra vida?
RESPUESTA:
Quienes cometen adulterio tienen un castigo tanto en este mundo como en la otra vida. Con respecto a esto, Dios Altísimo ha dicho:
«A la mujer y al hombre que cometan adulterio, dad a cada uno cien azotes. Si creéis en Dios y en el Último Día, que no os compadezcáis de ellos al aplicar la pena de Dios, y que un grupo de creyentes presencie su castigo» (An-Nur, 24:2).
La pena de 100 azotes aplicada a quien comete adulterio no es figurativa, sino un castigo real. De lo contrario, la expresión del versículo «que un grupo de creyentes presencie su castigo» no tendría ningún sentido.
La pena de 100 azotes es el castigo en este mundo. Si la persona no se arrepiente, el castigo en la otra vida es independiente. Dios Altísimo, al incluir el adulterio entre los grandes pecados, señala lo siguiente sobre su castigo en la otra vida:
«Ellos son quienes no invocan a otra divinidad junto con Dios, no quitan la vida que Dios ha hecho sagrada salvo con justa causa, ni cometen adulterio. Quien haga esto habrá incurrido en el mal y el Día de la Resurrección se le duplicará el castigo, y permanecerá en él humillado para siempre. Salvo quienes se arrepientan, crean y realicen buenas obras; a ellos Dios les cambiará sus malas acciones por buenas obras. Dios es perdonador y generoso. Quien se arrepienta y actúe con rectitud, sin duda se vuelve hacia Dios con un arrepentimiento aceptado. Porque Dios Altísimo es perdonador y concede su gracia» (Al-Furqan, 25:68-70).


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